Carta a su padre

 

Padre, quisiera hacerte llegar en lo alto que estás una carta y me sentiría orgulloso, como hijo, que al recibirla la leas en instantes de tu descanso.

Padre, fuiste un trabajador incansable, armaste una familia envidiable en lo moral y en lo ético y nos guiaste a metas victoriosas.

Padre, puedo seguir escribiéndote de lo tenaz que eras y de tus virtudes en que hay que recorrer milla tras milla para igualarlas.

En días pasados, mis hermanos y nuestra madre, tu esposa, recordamos el don en ahorro que practicabas, luces innecesarias eran apagadas, revisabas las llaves del agua, acudías al mercado para abaratar costos, eras puntual en tus actividades; el saludo, las oraciones y los rezos en casa se respetaban como regla de urbanidad; al asistir a los muelles tomábamos lanchas para conocer pueblos de nuestro Litoral, los domingos nos reunías para esos clásicos almuerzos familiares; las tarjetas de crédito eran ajenas, nos dabas un día a la semana para ir a fiestas de amigos; eras un fanático del deporte y nos inculcabas practicarlo tres veces por semana, y eras exigente con nuestras calificaciones.

Actualmente los gastos básicos y elementales del hogar están elevados, al igual mamá viene lamentando que la comida mensual tiene más costo y por cualquier novedad usamos las tarjetas de crédito; eso sí, las reuniones dominicales siguen presentes, junto a tus nietos; tu vehículo lo contemplamos a diario y está a un paso de ser un clásico.

Padre, te he comentado el ayer y el hoy, pero tu disciplina, palabras y doctrinas siguen calando en el hogar que formaste y te insisto, ‘viejito’, que eres inigualable.

Un ruido pequeño me hace despertar y el sueño antes narrado era expuesto por un incondicional amigo a su padre.

Padre es aquel que siembra inmejorables ejemplos y cuando está junto al Hacedor reposan sus virtudes y sus recuerdos…

Cuando un padre deja un vacío en casa, ni el tiempo ni las lágrimas llenarán tal espacio”.

 
 

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