De rodillas ante una madre

 

En la vida espiritual el Supremo Señor es el juez de las acciones de un ser humano, ser que desde que nace hasta que da su último suspiro es la adoración de su madre.

Ella llora al ver nacer a su vástago y entrega su más sublime sonrisa cuando su hijo triunfa en el estudio, en el deporte, en el trabajo, durante su desarrollo conductual y en el hogar.

Madre es aquella que madruga para preparar el desayuno de su retoño, revisa sus tareas escolares como su maestra en casa, lo envía al centro de estudios con el uniforme impecable y más tarde lo espera para la hora del almuerzo o la cena y estando en la mesa bendice los alimentos y ese momento es de unión familiar.

Es insensible otorgarle un solo día a la madre con expresiones y actos de afecto. Ellas son merecedoras del cariño, amor, apoyo y bendiciones durante todos los días de su vida terrenal.

Madre es aquella que se ilusiona, se desvive dando consejos, aumentan sus nervios, sus pulsaciones y se le acelera la circulación de la sangre en instantes de alegría o de tristeza.

Madre es aquella que cuando el Supremo Señor llama tempranamente a un hijo al cielo, se desmorona emocional y moralmente, llora incansablemente y reza para que el alma de su amado hijo esté en lo alto con los ángeles.

Madre es aquella que se distingue en casa por sus órdenes y que labora en distintos cargos, es desde secretaria hasta dueña de una empresa.

Madre es aquella que a causa de una escasa preparación y reveses en su vida llega hasta a pedir limosna y que al enfermarse está desprotegida y fallece solo pudiendo “mirar a Dios en la cruz”, sin tener a ningún familiar cerca de ella.

Madres son aquellas que tras esforzarse y destacarse en sus estudios y por su capacidad de liderazgo o por sus relaciones humanas llegan a ocupar sillones presidenciales o han sido elevadas al podio de reinas, princesas o santas.

No conozco en la vida una madre que denote flaquezas o claudique ante el rumbo de un hijo en la tierra o hasta en alta mar.

Felices los hijos que tienen a su madre con vida. Yo sí lloro, me arrodillo y entrego plegarias por mi madre que está en el cielo.

 
 

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