Primer gol, el goleador y los árbitros

 

Estamos en instantes cuando se habla y se escribe sobre el Mundial que se nos aproxima, a la lid asistirá la Tri por tercera ocasión y con todos los armamentos para hacer efectivo un mejor papel que en las dos anteriores contiendas.

Hay millones de lectores e hinchas que se desviven por tertulias y temas en los que el ayer tiene su espacio. En esta columna sabatina vamos a resaltar, ponderar y elevar en lo más altos, sin aplicar términos metafóricos, a dos grandes pioneros de las redes adversarias y a personajes agrupados en su calidad de árbitros. Adelante con la reseña.

Lógicamente, estaremos describiendo sobre el primer Mundial de balompié, desarrollado en Uruguay en 1930, competencia que tuvo como finalistas al país anfitrión y a Argentina, siendo vencedores de este insigne partido con estadio lleno los uruguayos por 4-2. Qué más hay que resaltar, veamos.

Está notariado que el primer gol en un Mundial fue el del francés de nombre Lucien y de apellido Laurent, delantero con tremendo oficio en el manejo del esférico, admirado por su desplazamiento en el gramado del escenario de Pocitos, quien se convirtió en un ídolo para la afición. Esa anotación es imborrable.

¿Quién fue el máximo goleador del Mundial de 1930? Su nombre completo es Guillermo Stábile, defendiendo la casaca argentina. Mandó en ocho ocasiones el balón a las mallas rivales, delantero vivaz, letal y genial en la conducción del esférico. Su impecable actuación lo encaminó a ser contratado por el conjunto italiano Génova. En Argentina lo recuerdan aún como un ídolo.

¿Y los árbitros? Relatan los historiadores que eran unos caballeros, impecables en sus vestimentas, dirigían con saco y corbata, y sus decisiones eran respetadas por los protagonistas y por los hinchas.

Narrativa para los soñadores del fútbol…

 
 

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